Abandoné la plática no sin antes desearle suerte y busqué refugio de la lluvia en una comunidad a las afueras de la ciudad.
Ja, las tetas.
Recordé cuando pibe en la escuela, la maestra de física me encontró dormido sobre el restirador, me dio un leve golpe en la cabeza con una regla y reaccioné.
Me preguntó por la diferencia entre teta r y teta i, y/o sus respectivos senos.
Le dije que no tenía la menor importancia, por lo menos para mí, acostumbrado a usar calcetas impares, no tenía inconveniente en la simetría o la ausencia de, ya fuera en la vestimenta, conducta o la naturaleza manifiesta en los pechos de una mujer u hombre.
Éste como varios, resultaba para ellos, un genuino problema.
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